La casa del árbol. Un lugar donde encontrArte

 

Cuando vi por primera vez este lugar supe que era extraordinario y que no debía tomarse a la ligera. Un árbol incrustado a la izquierda de la puerta principal y un letrero en la parte superior derecha que versa así: “Cuando estés contra un muro echa raíces como un árbol hasta que la claridad venga de fuentes más profundas para ver más allá de ese muro y crecerC. G. Jung.

Este letrero que no es legible a simple vista, se hace evidente para aquel que se tome unos instantes en percatarse de él y esto ya nos advierte lo que se encontrará en su interior. Se trata de un espacio bastante lúgubre (y hasta tenebroso pero no es como parece.)

La sala más cercana a la puerta de entrada, con un contacto directo con el exterior a través de una ventana sutilmente enrejada sugiere un espacio seguro, como una cueva, un refugio. Sin embargo, la inundan colores sutiles y suaves que dan esta sensación de ambiente acogedor y amable (loving).

La sala de atrás es donde se encuentra una especie de cocina alquímica, más oscura aún, con otra ventana pequeña situada bien alta y que pasa inadvertida a quienes no inspeccionan lo suficiente. Aquí se cocinan y alimentan los procesos más profundos quizás, aquellos que necesitan más tiempo y paciencia. Dispone de una gran mesa redonda que nos puede acercar a la idea de reunión y círculo sagrado.

¿Por qué la Casa del Árbol? Este árbol no siempre estuvo allí sino que fue construido hace tiempo por alguna razón que desconozco aún. ¿Qué se hace aquí? Se hace alma diría J. Hillman en un intento de explicar qué significa hacer un trabajo psicológico profundo. Hacer casa, diría yo, entendiendo casa como homologable al cosmos o a templo sagrado. Mircea Eliade habla de una homologación entre casa-cuerpo-cosmos y sostiene que “tener un cuerpo e instalarse en una casa equivale a asumir una situación existencial en el cosmos”. Queriendo expresar la idea de que “se habita en el cuerpo de la misma manera que se habita en una casa o en el cosmos que se ha creado uno a sí mismo”. Este “hacer casa” es construir un espacio seguro propio el cual podamos habitar, de ahí su relación con el cuerpo que no está separado.

 

Tanto la casa como el árbol son símbolos del centro del ser. El sí-mismo en términos de Jung. El arte, en este sentido, nos permite acercarnos a este centro rector a través de las distintas expresiones que tienen lugar en el ser humano. Esta es la invitación para conocer la casa del árbol, un lugar donde encontrarte, encontrar arte en la entrada de la primavera post pandemia que nos enfrenta a cuestiones más profundas del ser y sus diversas manifestaciones.

El arte es un concepto muy amplio, etimológicamente procede del latín ars y sería el equivalente al griego techné, técnica, la producción de lo verdadero en lo bello. Que este espacio sea una incubadora de arte, de encontr-arte y esto no sucede de otra manera que explorando dentro de nosotros.