Yoga & Jung. 2da parte. Simbolismo de las posturas del árbol y la montaña

The paradox: The ascension the spirit demands the descent into ground. Ground in yoga is the muladhara, the root chakra in which one takes foot in our own humanity through which we experience our own divinity.” Marion Woodman1

 

En el presente artículo tengo la intención de hacer un pequeño esbozo de quién es C.G. Jung, su pensamiento y cómo la práctica del yoga, en occidente, se la puede experimentar en los mismos términos que su psicología propone.

A pesar de que el yoga y la psicología analítica, nombre que le dio Jung a su psicología, son dos disciplinas bien diferentes entre ellas, ambas proponen un camino de conocimiento y realización del ser, y finalmente de transformación, si bien la psicología analítica no trata con la concreción del cuerpo para ello como hace el yoga.

Soy consciente de lo ambicioso que resulta la empresa en la que me embarco, no obstante, estas líneas se proponen como una introducción y esbozo de las posturas que vendrán, pues es inagotable el campo de investigación de los asanas con su simbolismo.

Comencé con la cita de Marion Woodman, pues las dos posturas que trataremos aquí, la postura del árbol y la montaña, tienen que ver con esta conexión con la tierra y cómo esta paradoja nos lleva a la elevación más profunda del ser. “Lo que es arriba es abajo” dice el famoso dicho, pues allí vamos…

 

Primero ¿quién fue Jung?

Para resumir esta pregunta tan amplia, cito a Sonu Shamadasani: “La figura de Jung se sitúa en los puntos de contacto entre la psicología académica, la psiquiatría, la psicoterapia, la psicología popular y las psicologías de la “Nueva Era”. El auge de estas disciplinas y movimientos constituyó uno de los avances más relevantes de la sociedad occidental durante el siglo XX”.2

El proceso de individuación es uno de los conceptos más substanciales en la obra de Jung junto con el de inconsciente colectivo y está íntimamente relacionado al aspecto religioso imago Dei o chispa divina. El yoga, hace hincapié en la experiencia de lo espiritual en cada uno de nosotros, esta conexión del ser individual con el Ser universal, es decir, con toda la humanidad. La noción de inconsciente colectivo en Jung también supone una conexión con toda la humanidad. En el proceso de individuación el individuo se singulariza y encuentra su unicidad sin perder el contacto con esta realidad más amplia, colectiva.

 

Ahora ¿qué entendemos por yoga?

En la actualidad el camino del yoga se ha extendido y su repercusión alcanza casi todos los lugares del planeta. Para algunos es sinónimo de ejercicio físico, para otros es una muestra de contorsiones casi imposibles de realizar. La idea de yoga como re-unión de cuerpo-mente-espíritu, es la definición de yoga más popularmente conocida y en la que me baso aquí.

El yoga es un camino interior que comienza por la consciencia del cuerpo. En el yoga, la conciencia a través del cuerpo nos llevará a una toma de consciencia de nuestro ser (entendido como nuestra esencia como unidad psicofísica). Desde nuestras limitaciones, en contacto continuo con el cuerpo, despertando cada vez más aspectos más y más profundos, obtendremos calma mental y recogimiento interior, y consecuentemente una vivencia más amplia de la dimensión espiritual de nuestro Ser. Ese incremento de conciencia, paradójicamente, revela así mismo el decaimiento del cuerpo y los achaques del mismo con el transcurrir del tiempo. El cuerpo está destinado a su descomposición y extinción. Por ello, en la India tanto el yoga como su tradicional medicina, el Ayurveda, estrechamente vinculada al yoga, enfatizan el cuidado del mismo para alcanzar fines espirituales que van más allá de lo físico.

 

La montaña

En la postura de la montaña nos topamos con la postura base de todas las posturas de pie. Se trata del fundamento de todas las posturas de pie, Tadasana, la postura de la montaña, con el propósito de asentar la base para ir construyendo una estructura sólida y firme.

Si “nos paramos” en los cimientos, esta conexión con la tierra nos permite que la energía fluya desde abajo hacia arriba (el pico de la montaña), el trabajo siempre comienza desde abajo.

 

El árbol

El árbol nos vuelve a conectar con la tierra, con la sensación de estar plantada y con el movimiento sutil de la quietud. Nos enfoca y ayuda a dirigir toda la energía a un punto imaginario a la altura de los ojos. Otorga estabilidad y firmeza.

 

Simbolismo de las posturas del árbol y la montaña

En nuestro cuerpo, la imagen de la montaña, en tanto que sólida y firme, da cuenta de la tensión de opuestos. Por un lado deviene sustento y base de nuestro ser: desde el apoyo de los pies en la tierra y por otro está la cima, la relación con lo alto y más trascendental. Desde la base es cómo nos apoyamos en nuestro ser. Un yo firme desde los cimientos es lo que nos permitirá este recorrido desde abajo hacia arriba. Construir desde los cimientos una estructura sólida, firme, pero flexible a la vez para permitir el movimiento ascendente de la tierra al cielo, capaz de soportar esta tensión de opuestos.

En la naturaleza se dan muchas polaridades y en contacto con lo natural las observamos. Por ejemplo, en la montaña observamos su cima opuesta a su base, y en el árbol, las ramas crecen ascendentemente mientras que las raíces crecen hacia el subsuelo. La individuación es de acuerdo a Jung un opus contra naturam, lo que significa que el trabajo psicológico de los opuestos no se basa en una simple observación de éstos en armonía sino que emerge de la tensión que estos producen. Por ejemplo, la tensión entre consciente e inconsciente. Descubrir y observar las polaridades de la psique no es suficiente para que se genere el proceso de individuación. El inconsciente actúa como compensación a la actitud de la consciencia entre lo que el yo desea y lo que el sí mismo, como centro del alma, demanda. La individuación consiste en poder contener los opuestos dentro de uno para trabajar en su unión.

En yoga, para mantener la postura del asana del árbol y de la montaña se trabaja con los opuestos fuerza-relajación del esfuerzo. En la postura de la montaña, la quietud y estabilidad nos dan una imagen desde la que se puede pensar en el eje yo-sí mismo y el camino que se debe transitar en el ascenso y descenso de la misma. Esta tensión entre yo-sí mismo es de movimiento cuya unificación es llegar a ese sí mismo. En este centramiento existe una quietud y estabilidad.

La montaña como símbolo del sí-mismo representa la unión entre cielo y tierra. Es esta misma tierra la que se eleva y busca su expresión en el espacio, así como el ser humano busca diferenciarse en su ser. En la montaña nos quedamos quietos buscando el estar equilibrado entre estos opuestos. Encontrar este eje rector del Ser a través de una energía que se distribuye de tal manera que sea la uniòn entre cielo y tierra. La energía está distribuida a través de todos los chakras. Estar quieto en la montaña, en este sentido, es estar con todo, esto representa la unión de los opuestos en el símbolo unificador, a saber, la montaña.

Otra característica de la montaña es que en su interior se gestan minerales preciosos, en relación con esto, en la disciplina del yoga, el practicante va desarrollando, mediante una práctica ininterrumpida, un cuerpo diamantino. A medida que vamos tomando consciencia de nuestras luces y sombras vamos transformando el cuerpo tosco en algo más puro y noble.

En la imagen del árbol, quedan representados los opuestos en las raíces y las ramas, esto tal como hemos visto en la montaña, también simboliza el eje yo-sí mismo. Esta verticalidad en el ascenso de las ramas al sol pero también las raíces en contacto con el centro de la tierra en crecimiento paulatino y transformación continua. Por un lado tenemos el contacto con el inframundo, un crecimiento al centro de la tierra en soledad y oscuridad, por otro lado, las ramas son las que ascienden hacia el sol en contacto con el aire y la luminosidad. Sin embargo en la imagen del árbol le agregamos la idea de horizontalidad pues sus ramas se expanden hacia los lados además de hacia el cielo y las raíces que se expanden bajo tierra. 

El árbol, nos da esta idea de verticalidad y horizontalidad. En este sentido el árbol nos amplía la imagen de la montaña.

Estas imágenes nos han permitido realizar un recorrido simbólico, un viaje interior desde y en el cuerpo. Si bien el árbol y la montaña forman parte de una serie integral de una práctica diaria de yoga, estas imágenes dan cuenta de la conformación de un espacio sagrado. En ambas imágenes se puede evidenciar un centro rector, un eje del mundo que representa la unión de lo de arriba con lo de abajo y en el árbol le agregamos la idea de la expansión y crecimiento.

Este centro rector es el axis mundi, centro del mundo en esta concordancia entre macro-microcosmos, el centro de la personalidad representado por el sí-mismo, centro del alma. Esto alude a un proceso totalizador donde en la parte está el todo.

 

Para ir terminando… (por ahora)

Al penetrar en estas dos imágenes como parte de una práctica integradora y no como un fin en sí mismas, se puede dar cuenta de la inmensidad de cada una de ellas. La montaña se nos impone, como una eminencia natural que se caracteriza por su altura. Hemos visto cómo las montañas han sido consideradas un elemento sagrado en muchas religiones y creencias, cómo no suponer que pueda también simbolizar algo sagrado en nosotros mismos.

Hemos comprendido que el proceso de individuación tiene como objetivo la completitud a partir de la tensión de opuestos. En una práctica de yoga esto se corporiza en el asana de la montaña. Estar quieto con la montaña es estar en equilibrio entre el cielo y la tierra. La montaña da cuenta de esta unión. En el cuerpo hay un eje rector, el eje del ser que queda expresado en la unión tierra/cielo, entre la energía que corre en el cuerpo en energía ascendente y desde la coronilla hasta la base.

El correr hacia la meta unidireccionalmente implica huir de uno de los opuestos representado con crecer hacia arriba pero perder la polaridad subterránea de la profundización. La unión de arriba y abajo da una idea de completar en lugar de estirar unidireccionalmente. En la imagen del asana, si estiramos sin estar en la base, nos perdemos en ello. En la expansión del árbol y su imagen de crecimiento y profundización.

Por otra parte, el árbol desempeña también un importante papel en muchas mitologías del mundo, llevándonos también a la noción de eje del mundo. Partimos de la montaña en la construcción física y simbólica de una estructura yoica firme y resistente para construir unos cimientos. Desde allí, nos adentramos a la construcción y desarrollo de la personalidad de manera más profunda y completa en la árbol. Además del eje vertical, encontramos aquí el eje horizontal que amplía la imagen anterior. El árbol nos invita a pensar en los matices que existen entre los polos opuestos.

Las imágenes del árbol y la montaña como asanas me permiten un diálogo desde el cuerpo con un proceso más profundo que trasciende el cuerpo, lo material (la materia/matter).

La transformación de la materia, que se expresa en el simbolismo de las posturas (asanas) en el cuerpo (somato-psíquicas), permiten una transformación progresiva de la personalidad total cuyo objetivo último es la experiencia plena de la esencia espiritual, esto es, en palabras de Jung, el proceso de individuación.

 

 
1La paradoja: la ascensión que el espíritu demanda, es el descenso a la tierra. La tierra en yoga es muladhara, el chakra raíz en el que uno se pone de pie en su propia humanidad a través de la cual experimentamos nuestra propia divinidad. (Traducción propia) Citado del libro Jung&el yoga de Judith Harris.
2(pág. 26). Para leer más consultar. Jung y la creación de la psicología moderna. Sonu Shamadasani. (Atlanta, 2003. España).