¿Por qué un colibrí?

 

En primer lugar, digamos que fue el colibrí el que me eligió a mi, más que yo a él. ¿Por qué digo esto? Todo tiene su origen unos años atrás, tres para ser exacta, cuando me encontraba en Alemania para celebrar las fiestas del año nuevo. Allí, me iniciaron en un ritual germánico conocido como «Bleigießen«, traducido como «vertido de plomo», que consiste en fundir unas piezas de plomo y luego echarlo a un recipiente con agua; entonces, dependiendo de la forma que adquiera, pronosticará la suerte que se correrá en el año venidero o simplemente se usa como adivinación de tipo simbólica sobre los que nos deparará el nuevo año.

Mi fortuna fue un colibrí, o eso es lo que vi en la figura, un colibrí sin alas, un pájaro con un pico largo y fino. El colibrí para mi es un pájaro de colores hermosos y frágil, que no es fácil cogerlo pues es muy rápido, incluso cuando se detiene en una flor y se concentra en su tarea no deja de mover sus alas. Por esto su imagen siempre es captada en relación a flores. Este dibujo en conjunto representa la belleza y lo efímero. Los pájaros en general simbolizan al alma y su ansia de libertad.

Al año siguiente, un año atrás, quise continuar esta tradición y a pesar de no estar en Alemania conseguí las figuritas de plomo e hicimos el ritual en familia. Lo que tocó en esta oportunidad fue una herramienta, un arma o una guadaña. Interpreté esto como las posibles alas que le faltaban a mi colibrí y fue un motor de comenzar con mi proyecto de Psicología Holística.

Este año, dentro de muy poco, también haré el ritual donde quiera que esté, y compartiré con vosotros mi fortuna. Como una simpatizante de la psicología arquetipal junguiana, considero positivo las imágenes, los símbolos, ya que me aportan herramientas, vuelo y belleza a mi vida en toda su dimensión.

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