«Si algo era así, era así. ¿Por qué había que demostrarlo? Los viejos sabían. Navegaban a vela por el océano guiándose por las estrellas y las formas de las nubes y el vuelo de los pájaros. No escribían las cosas; las recordaban y las narraban o las cantaban.» El navegante. MORRIS WEST

Otro verano va terminando en esta parte del hemisferio, y al mismo tiempo va comenzando, poco a poco, en otro lugar.
Sumergidos como estamos en una pandemia, la más grande de la historia, intentamos mantenernos a flote embarcados en el barco de la vida.
Y así fue como surgió el proyecto “Viaje Fotográfico” de @saling_diaries.
Como una manera de poner en imágenes el viaje de la vida, su similitud con vivir en un barco y estar tres años en una travesía en la que muchas veces no se veía el fin, así fue la exposición fotográfica de Daniel Michahelles.
La muestra, que acabó ayer, fue albergada con el soporte de nuestro querido Café Lucy que, como las sincronicidades de la vida, también cierra este mes, después de siete años en actividad.
La muestra, con más cinco presentaciones en vivo, todas en petit comité y que en un momento se planeó como forma de establecer un plan de acción de vida, nos dejó con más preguntas que respuestas en cómo el viaje debe continuar. Creo que es así es como debe ser.

Me gustó la idea del barco como la travesía u Odisea a la que nos subimos y cómo este recipiente tan pequeño puede albergar todas las posibilidades en un mar repleto, tanto de oportunidades como de peligros. El recipiente contenedor que nos transporta a las profundidades marinas sin saber qué encontraremos allí y si volveremos para contarlo. Tal es el viaje.
Se dice que los alquimistas también percibían la Obra como una odisea: larga, tediosa, heroica y plagada de peligros.
Ahora, aprovechando el mar en calma y las nubes de un día gris, es momento de plasmar ideas, sensaciones y todo lo que ha quedado para digerir de la experiencia de este Viaje Fotográfico.
Si quieres puedes continuar el viaje en wildlifesail.org o a través del Instagram sailing_diaries.
Es un honor formar parte de esta embarcación hace tantos años como ahora. Que el viaje continúe…










Harold por estas canciones, por tu visita y por introducirnos al apasionante mundo de la Música Medicina.
En la semana de St. Jordi se me ocurrió hacer una breve reseña con respecto a los cuentos de hadas, los mitos y las leyendas en general. Al lector entendido en el tema, sabrá que esto de breve no tiene nada y tal vez le causará intriga saber cómo, tan solo en unas líneas, me atrevo a semejante osadía. Pues para ellos también está escrito este post, ya que sólo me referiré a un aspecto en concreto y solo porque me ha parecido digno de mención. Este punto tiene que ver con un hecho que circula bastante por donde me muevo actualmente. En varias oportunidades, me ha sorprendido un comentario que ronda en torno al tema de “cambiar el final a los cuentos”. Hay una tendencia generalizada hoy en día, a interpretar de forma literal los cuentos de hadas y leyendas, con esto se corre el riesgo de encasillar, por ejemplo, a la princesa como la víctima que espera a su “príncipe azul”, al príncipe como el valiente caballero que lucha y tiene el poder y la fuerza para vencer al enemigo a toda costa y a la bruja o al dragón, como los malos que hay que matar o al menos, hacer desaparecer. Si tomamos a los personajes literalmente, en lugar de tomarlos como realidad psíquica, una realidad del alma, corremos el riesgo de perdernos la riqueza que pueden aportarnos, aunque a pesar nuestro y esto es porque su mensaje se dirige a otro nivel, a otra lógica.



